sábado, 25 de octubre de 2008

[ placenta ]


Si no fuera por los óleos, las acuarelas y las sombras... si no fuera por la cárcel, el colegio, la resistencia... Si supieran cuánto cuesta aprenderse las ciudades,
memorizarse las tablas, incrustarse los rencores. Que sueñes con los angelitos mientras los perros te mastican la infancia, que la cajita de música, que los sonajeros, que el cigarrillo, que el sexo.
Y la Santa Inocencia, la mala nota y el alcohol... para que hablar de los besos y del impune atropello del tiempo. La humanidad nos impacta, nos ahoga, nos inyecta. Se prende al cuello, al ceso, al rezo, al intestinoy al fin y al cabo tienes veinte años, veinte.
Un número redondo como un anillo, como un barril sin fondo, que al menos te enseño la fascinación por las mariposas... que me hizo dar cuenta que no me han parido todavía.

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